Autosabotaje, ¿por qué lo hacemos?

¿Te has preguntado alguna vez porqué nos saboteamos a nosotros mismos?

Todos en la vida hemos tenido proyectos frustrados, ideas brillantes que nunca hemos iniciado o ilusiones que no hemos llevado a cabo o que hemos abandonado sin llegar a concluirlas, al autosabotaje.

¿Te has parado a pensar por un momento a qué puede ser debido?

En numerosas ocasiones los resultados están más condicionados por lo que ya conocemos y nuestras experiencias anteriores. Nos limita mucho más lo que ya conocemos que lo desconocido.

Y en la mayoría de las ocasiones, el resultado final tiene una relación directa con nuestro funcionamiento a nivel interno y en particular con el funcionamiento de nuestro cerebro primario.

¿Sabes cuál es la función principal de nuestro cerebro primario?

Si aún no la conoces te la voy a desvelar: por encima de todo su objetivo principal es el MANTENERNOS VIVOS.

Su principal misión es dosificar nuestra energía para que, en caso de una alerta inminente, disponga de toda la energía suficiente para seguir manteniendo nuestro cuerpo en funcionamiento.

Cuando nuestra mente detecta una amenaza bien sea interna o externa el cerebro primario entrará en acción y lo hará eligiendo una de éstas tres opciones dando como resultado tres conductas diferentes en la persona: atacar la situación, huir o bien quedarse bloqueado.

Los tres tipos de reacciones de nuestro cerebro primario

Reacción de ataque

Nuestra mente buscará todos los recursos necesarios para montar el sistema de ataque oportuno para salir de la situación de alerta o del conflicto en cuestión. Para ello, usará todos los aprendizajes adquiridos a lo largo de nuestra vida y elegirá los que mejor resultado le hayan dado en situaciones similares. Todo esto sucede en nuestra mente en milésimas de segundo de manera automática. El buscar culpables de nuestra situación es una de las conductas habituales de éste estado.

Reacción de bloqueo

Cuando nuestra mente elige esta opción, nos quedamos paralizados. Nuestro estado físico y mental comienza a decaer rápidamente y nos sentimos bloqueados y sin energías para reaccionar. Este estado seguirá hasta que la situación desaparezca o hasta que nuestra mente encuentre otro recurso mejor para resolver el conflicto. En esta situación entramos en un estado de shock, una fase de estrés o, incluso, se puede llegar a caer en una depresión.

Reacción de huida

Ante las primeras señales de alerta, nuestro cerebro nos avisará de que por todos los medios debemos alejarnos o evitar esta situación que nos está ocurriendo.

Trataremos de evadirnos de cualquier modo y todo ello lo gestionaremos en forma automática y de acuerdo a nuestras experiencias y aprendizajes anteriores. Evitaremos la situación a cualquier coste.

La procastinación, el dejar las cosas para más adelante o el abandonar nuestros proyectos es lo más común cuando reaccionamos de este modo.

Autosabotaje

La mayoría de las veces que caemos en estos estados, en los que nos saboteamos a nosotros mismos, no es más que la consecuencia de no saber manejar una situación o bien, no querer asumir nuestra responsabilidad. Nos negamos el precio a pagar y el desgaste de energía necesarios para alcanzar el objetivo que nos habíamos propuesto.

Comenzar a conocer las causas y aprender a valorar las reacciones de nuestros estados internos nos es de gran ayuda a la hora de saber por qué motivos nos suceden ciertas cosas en nuestras vidas.

Y tú, ¿te das cuenta cuando te estás saboteando a ti mismo? Reconocer cuando sucede y ver cómo actuamos es el primer paso para salir lo más pronto posible de esa situación.

Imagen  Mujer deseperada de Shutterstock

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