Entender el proceso del duelo para aceptar la pérdida

Todos, desde niños y en todo el transcurso de nuestras vidas hemos sufrido y pasado por sentimientos de pérdida. La pérdida de un empleo, de un bien material, de un animal de compañía, de una pareja… aunque los hechos más traumáticos aparecen cuando se produce el fallecimiento de algún familiar o amigo al cual le tenemos un aprecio especial.

Estas situaciones nos generan un gran sentimiento traumático y se acentúa aún más si se han producido de una manera inesperada.

Los sentimientos que afloran en cada persona son muy diferentes. Y el dolor es inevitable tanto a nivel de pensamientos como a nivel físico, emocional e incluso espiritual.

Comenzamos a experimentar todo tipo de emociones espontáneas y a la vez muy intensas, tales como el abandono, la soledad, la impotencia, la desesperación o la tristeza.

En otros casos aparecerá el rencor, la ira o el resentimiento hacia el que se ha ido, hacia los hechos o hacia otras personas. Creemos incluso que llegamos a perder el control por completo sobre nosotros mismos. Y aunque el nivel de dolor es muy alto podemos tender a generar ideas y pensamientos equivocados a pesar del inmenso cariño y amor que tenemos hacia la persona.

Afrontar el proceso del duelo

El hecho es que afrontar la pérdida de un ser querido es sumamente difícil en una sociedad en que nadie nos ha enseñado a aceptar, a entender y a asimilar la llegada de la muerte.

Las 5 fases en el proceso del duelo

A lo largo de la historia del ser humano han sido muchas las personas que se han dedicado a estudiar a fondo y explicar de manera lógica y consciente los estados por los que pasamos cuando vivimos una situación muy traumática. La médico psiquiatra Elisabeth Kübler Ross dedicó gran parte de su vida a analizar los procesos de la muerte en las personas y en su último libro “Sobre el duelo y el dolor” hace un amplio estudio sobre los procesos del duelo.

Nos describe como 5 las fases por las que comúnmente pasamos ante esta experiencia en nuestra vida así como señala que no tienen porqué existir todas ellas ni tampoco en el orden indicado puesto que la vivencia de cada persona y cada situación en particular son únicas.

Estas cinco fases se dan en la mayoría de los casos y son: el estado de negación, de ira, de negociación, de depresión y de aceptación.

La fase de negación en el duelo

Tras la noticia del fallecimiento entramos en un estado de shock más o menos intenso en el que comienza la fase de negación. Nos cuesta asimilar el hecho de la perdida aunque sabemos que es un hecho real. No somos plenamente conscientes que la situación se ha producido y por lo natural suele durar desde los primeros días hasta las seis u ocho semanas siguientes.

La fase de ira en el duelo

A este estado suele seguir el estado de ira. Comenzamos a desatar la rabia, el rencor y un cierto grado de agresividad hacia el entorno que durará varios días o varias semanas en la mayoría de los casos. Intentamos buscar un porqué o incluso buscar culpables de la situación. En algunas ocasiones el estado de negación y de ira puede sucederse prácticamente al mismo tiempo.

La fase de negociación en el duelo

Luego sucede una fase de negociación. Comenzamos a fantasear con nuestros pensamientos y negociamos con nosotros mismos maneras de aligerar nuestro dolor cambiando ciertas actitudes, hábitos o tipos de pensamiento puesto que no deseamos volverlo a vivir en un futuro.

La fase de depresión en el duelo

Seguidamente aparece el estado de depresión. Puesto que todas las fases anteriores no nos han aportado ninguna solución real, caemos en un estado depresivo. Es cuando comenzamos a hacer plenamente consciente la realidad de los hechos.

Suele ser la etapa más larga del proceso puesto que nos encerramos en nuestro mundo interno y comenzaremos a salir de este estado a medida que logremos comunicar nuestros pensamientos y exteriorizar nuestros sentimientos.

La fase de aceptación en el duelo

Por último y tras comenzar a superar el estado depresivo sucede el proceso de aceptación. Comenzamos a ser conscientes de que no podemos recuperar al ser querido y que nuestra vida continúa. Es el momento de hacer un análisis real de nuestro pasado y una cierta planificación del futuro ya con los pies en el suelo. Y este proceso se desarrolla de una manera profunda, muy personal y a la vez en total intimidad. Y al comenzar a vivir este estado nos vamos llenando poco a poco de una verdadera paz interior.

Dado el hecho de que como cada persona somos muy diferentes al afrontar cualquier tipo de situación y según los muchos estudios y casos analizados, el tiempo natural del proceso de duelo se desarrolla en un período de entre uno y tres años en la mayoría de los casos.

Recordaremos a la persona querida de la manera amistosa que hemos vivido cuando estaba junto a nosotros y todos esos sentimientos de dolor y de trauma habrán desaparecido.

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