Autoestima: aceptarse, respetarse y quererse a uno mismo

Justo la semana pasada acabé un proceso de coaching nutricional muy enriquecedor. Mi clienta, una maravillosa mujer de 44 años, acudió a mi consulta porque quería perder unos cuantos kilos.

Pronto me di cuenta que el verdadero problema no eran los kilos de más, sino una percepción negativa que ella tenía de sí misma, en su totalidad.

Ana es una mujer guapa, inteligente, amorosa; sin embargo ella no veía todo esto ella.

Sólo veía una mujer que estaba envejeciendo, que ya no tenía la forma física de hace años y que a causa de su divorcio iba a pasar el resto de su vida sola.

En otras palabras, el sobrepeso de Ana, en realidad, era una consecuencia natural de su falta de autoestima.

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Hoy en día se escucha mucho hablar de autoestima, pero ¿realmente que es?

Wikipedia explica la autoestima como “un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter”.

En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos, la manera en la que nos vemos.

Y, ¿cómo tiene que ser esta manera de vernos para que nuestra autoestima sea fuerte?

Para contestar a esta pregunta voy a hacerte otra: ¿Qué es lo que hace que estimes a alguien?

¿Su cuerpo? Estoy segura que es mucho más que esto.

Normalmente estimamos a alguien cuando éste se comporta de manera auténtica, cuando confiamos en él y en sus capacidades.

Pues lo mismo nos pasa con nosotros mismos, con nuestra propia autoestima.

¿Qué necesitamos entonces para que nos estimemos, para ser auténticos, confiar en nosotros mismos y en nuestras capacidades?

Después de darle muchas vueltas al asunto creo firmemente que la “solución” está resumida en tres palabras “mágicas”: aceptarse, respetarse y quererse.

Autoestima: aceptarse, respetarse y quererse

¿Qué significa aceptarse a uno mismo?

Parece increíble pero una cosa tan básica, en realidad pertenece a muy pocas personas. Hay mucha más gente de la que te imaginas que no se quiere y no se respeta a sí misma porque no se acepta.

Aceptarse significa no sólo aceptar nuestro cuerpo, con el cual casi nunca estamos contentos, sino que también a nuestra esencia, a nuestro ser.

Aceptarse significa aceptar nuestra naturaleza como ser humanos con todo lo que conlleva, bueno y malo. Aceptarnos a nosotros mismos con nuestros límites, miedos, inseguridades…

Aceptarse significa dejar de ser tan autoexigentes y empezar a tratarnos como a nuestro mejor amigo.

A menudo corremos detrás de una imagen de nosotros mismos (el yo ideal) que no encaja con la realidad (el yo real).

Estamos constantemente bombardeados por imágenes y publicidad que nos ofrece una realidad imposible, irreal, hecha de mujeres y hombres parecidos a dioses, que llevan una vida perfecta, exitosa, que tienen siempre la palabra correcta para cada situación, que son siempre elegantes y atléticos. Mujeres siempre en forma que son madres, amantes, mujeres, amigas ideales en todo momento.

Pero todo esto no existe en el mundo real.

Nuestros yo reales no pueden estar siempre al 100% en cada situación por el simple hecho de que somos seres humanos, no robots programados para estar siempre a tope.

Cuanto más grande es el desnivel entre los dos “yo”, tanto mayor es el sentimiento de frustración, insatisfacción o culpa que sentimos.

De allí nace la falta de autoestima y la falta de amor por uno mismo.

Para gestionar estos estados de ánimo de una manera sana y equilibrada, es necesario que nuestros dos “yo” hagan la paz y se pongan de acuerdo.

Para que se cree un equilibrio entre ellos, el camino es muy sencillo: podemos bajar nuestro yo ideal y subir el yo real.

Aceptando a nuestro yo real, damos el primer paso para subirle y a la vez para bajar al yo ideal.

Aceptarse no significa RESIGNARSE, significa mirarnos con tolerancia, compasión y amor, y ponernos manos a la obra para transformarnos en una mejor versión de nosotros mismos, desde todos los puntos de vista.

Autoestima: aceptarse, respetarse y quererse a uno mismo

¿Qué significa respetarse a uno mismo?

RESPETARSE nace del ACEPTARSE, es el siguiente paso, casi inmediato. Es respetar nuestros valores y actuar de forma congruente y en armonía con ellos.

Cuando dejamos de hacerlo, cuando nos comportamos de manera incoherente sólo para complacer a los demás y para obtener su aprobación y reconocimiento, cuando rompemos el compromiso con nosotros mismos, entonces dejamos de respetarnos y, como consecuencia de ello,de amarnos.

Respetarse es también respetar a nuestro cuerpo, aprendiendo a mirarlo con cariño para poderle dar el nutrimento y lo necesario para que esté en salud.

Nuestro cuerpo es como un tesoro precioso y está directamente conectado con nuestra mente y con nuestro espíritu.

Si dejamos de cuidarlo eligiendo una alimentación desequilibrada y un estilo de vida poco saludable, vamos a romper el equilibrio entre los tres.

Los romanos decían: “mens sana en corpore sano”, y tenían toda la razón.

Respetarse es también elegir hablarnos con palabras cariñosas, dejando de castigarnos con pensamientos negativos y autodestructivos.

Sólo aceptándonos y, por lo tanto, respetándonos podremos querernos de verdad. ¿Podríamos amar a alguien si antes no lo respetáramos y no lo aceptáramos por lo que es realmente? Claro que no, y menos aún a nosotros mismos, con quien tenemos que convivir cada día de nuestra vida.

Aceptarse, respetarse y quererse son tres elementos estrechamente concadenados en una persona que tiene una sana autoestima: pero sin el primero, los otros dos se caen como se caería una casa sin cimientos.

Creo profundamente que sólo cuando nuestros pensamientos y nuestras acciones están en armonía con estos tres pilares, entonces somos realmente capaces de disfrutar plenamente de la vida.

Y tú, ¿te aceptas?, ¿te respetas?, ¿te quieres?

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