Prácticas para reconectar contigo y alimentar tu bienestar

Cómo todas las Navidades, este año también he ido a mi tierra, a Italia. Suelen ser días muy intensos, en que aprovecho cada segundo para disfrutar de mi familia, de mis amigos, mis rincones preferidos de Roma.

Suelen ser días llenos de emociones, de encuentros, de cosas que hacer. Suelen ser días en que no paro y no tengo mucho tiempo para estar sola y pensar.

Prácticas para reconectar contigo y alimentar tu bienestar

Mientras escribo este artículo, escuchando el sonido de la lluvia cayendo sobre los techos de los antiguos edificios de Venecia, paro por primera vez y reconecto conmigo.

Faltan pocos días para que acabe este año. Son días en que normalmente me pongo a pensar en los “buenos propósitos” y en los nuevos objetivos del nuevo año, días para planificar y organizar…

Mientras echo un vistazo a un viejo diario, mi mirada cae en un cuento muy especial, que me hace parar, reflexionar y este año actuar de forma diferente.

“Dos leñadores trabajaban en el mismo bosque cortando árboles. Los troncos de los árboles de este bosque eran impresionantes, anchos, sólidos y muy fuertes. Los dos leñadores utilizan sus hachas con la misma habilidad, pero con una técnica diferente: el primero golpeaba los troncos con una perseverancia increíble, un golpe tras otro, sin parar en todo el día. El otro leñador se tomaba cada hora un buen descanso debajo de las sombras de los imponentes árboles. Al atardecer, el primer leñador sólo había conseguido cortar 10 árboles. Había trabajado sin parar, se sentía exhausto y no iba a durar cinco minutos más. El segundo seguía cortando y sólo le faltaba un árbol para lograr lo 100 troncos cortados. El primer leñador no podía creer a lo que veía. Los dos habían empezado juntos y los troncos de los árboles del bosque eran todos de igual tamaño. Entonces el primero se acercó y le preguntó: “¡Yo no entiendo nada! ¿Cómo has conseguido cortar tantos árboles si paraste mucho más que yo?” El otro entonces paró, lo miró a los ojos sonriendo y contestó: “Querido amigo, me has observado muy bien. Es verdad, he parado cada hora, pero lo que no has visto es que he aprovechado de cada pausa para afilar mi hacha.”

Me quedo un rato reflexionando y dándome cuenta de cómo a menudo en la vida, nos perdemos en una tormenta constante de cosas que hacer, nos quedamos atrapados en los ritmos frenéticos de la sociedad en la que vivimos, acabando por perder contacto con nosotros mismos.

Creo que es fundamental tener objetivos en la vida.

Sin embargo, lo es aún más saber parar y “afilar nuestra hacha”. Y es lo que quiero hacer durante estos primeros días del 2018: parar.

Quiero mirar atrás y observar los pasos que me han llevado hasta el momento presente.

Quiero observar a la persona en la que me he transformado, para entenderme y así poder trabajar sobre mí y sacar la mejor versión de mi misma.

Quiero ver más claramente qué es lo que puedo hacer para mejorar como persona, para mejorar las relaciones con mis amigos, mi familia, mi pareja, mis compañeros de trabajo.

Parar para escucharme y entender qué aspectos de mi personalidad quiero mejorar.

Parar y darme cuenta de cuáles recursos o herramientas me hacen falta para crecer.

para un poco para reconectar contigo

Dame seis horas para cortar un árbol y pasaré las primeras cuatro afilando el hacha. ― Abraham Lincoln

3 hábitos que te ayudarán a reconectar contigo

Mi escritor preferido, Robin Sharma, aconseja varias prácticas diarias para afilar nuestra hacha. Son prácticas muy sencillas que, repetidas cada día, pueden marcar un antes y un después en nuestro nivel de consciencia y entonces en nuestro proceso de cambio.

Lleva un diario de la gratitud

La primera es tener un diario en el cual escribir todos los días tres cosas por las cuales sentimos gratitud. Esto nos ayuda a reconectar con el lado positivo de la vida.

Vivimos en un entorno en que los medios de comunicación nos trasmiten solo el lado peor del mundo: guerras, violencia, tragedias, catástrofes.

Aunque este lado existe, también existe otro más grande y poderoso: un mundo hecho de gente increíble, altruista, generosa. Un mundo lleno de sitios preciosos. Un mundo lleno de personas valientes, un mundo lleno de amor.

Éste es el mundo en que quiero centrarme todos los días y al que quiero contribuir. La práctica del diario de la gratitud es un método muy fácil y muy efectivo para entrenar nuestra mente a mirar hacia una dirección diferente, para enfocarnos en la belleza y no en la desesperación.

No hace falta que nos pasen cosas increíbles para sentirnos gratos. La belleza de la vida está en una mirada que te hace latir el corazón, en la sonrisa de un niño, en una puesta del sol, en un abrazo lleno de sentimiento, en una risa descontrolada.

Aplica la regla 20-20-20 cada mañana al levantarte

La segunda es empezar a despertarte una hora antes por la mañana. Esto te permitirá tener más tiempo para ti, para cumplir con la regla que Robin Sharma define del 20-20-20. Esta regla se basa en dedicar los primeros 20 minutos de la mañana al cuerpo, los siguientes 20 al espíritu y los últimos 20 a la mente.

Durante los primeros 20 minutos haz algo de deporte: un paseo rápido, ejercicios en tu casa, salir a correr… El ejercicio físico hará que tu cuerpo produzca endorfinas. Por esta razón, te sentirás con más energía, de buen humor y más relajado.

Los segundos 20 minutos del día dedícalos a tu parte espiritual: haz algo de meditación o de mindfulness o aprovecha para escribir tu diario de la gratitud.

Durante los últimos 20 aprende algo nuevo. Léete unas páginas de un libro, escucha un podcast de un argumento que te interesa, lee un artículo, ve un vídeo…

Reflexiona un rato ante de acostarte

La tercera práctica diaria consiste en, antes de acostarte, dedicar unos minutos en reflexionar sobre el día que acabas de vivir.

Escribe en tu diario lo que has aprendido, analiza cómo te has comportado e identifica lo que puedes mejorar.

Reflexiona sobre cuál ha sido tu actitud, tus pensamientos, tus acciones.

Recuerda que lo que haces en tu vida es el reflejo de tu mundo interior, de tus creencias más profundas. Cuando tomas conciencia de ello, entonces, si quieres, puedes cambiar.

Parafraseando Michelangelo Buonarroti, aprende a ver el ángel en la piedra y talla hasta ponerlo en libertad. El ángel eres tú.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site is protected by wp-copyrightpro.com