El ejercicio físico mejora la salud mental

¿El ejercicio físico mejora la salud mental? Mito o realidad

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Quiero empezar este artículo con una pregunta sencilla: ¿cómo te sientes después de moverte un poco? Piensa en ese momento en que terminas una caminata al aire libre, una clase de yoga o incluso un baile improvisado en tu casa. Seguramente hay algo que cambia, ¿no es cierto? Tal vez un soplo de energía, un pequeño alivio o simplemente una sensación de bienestar. Pero, ¿equivalen estas experiencias a una mejora real de la salud mental o es solo un mito que nos han repetido tanto que lo creemos sin más?

Hablemos claro. La relación entre el ejercicio físico y la salud mental no es un tema trivial. Es algo que nos toca a todas/os, porque ¿quién no ha sentido que las emociones y los pensamientos se vuelven abrumadores en ciertos momentos? Saber si el ejercicio puede ser un apoyo real en esos casos es clave para decidir cómo cuidar nuestra mente y nuestras emociones.

La ciencia nos da pistas

No voy a llenarte de tecnicismos, pero sí quiero compartir lo que dicen algunos estudios. Existe bastante evidencia que respalda que la actividad física puede ser un aliado poderoso para mejorar la salud mental. Por ejemplo, investigaciones muestran que el ejercicio puede ayudar a reducir los síntomas de ansiedad y depresión. Esto se debe, en parte, a que el cuerpo libera sustancias químicas como las endorfinas durante el movimiento, y estas actúan como un «calmante natural» que nos ayuda a sentirnos mejor.

Pero la cosa no acaba ahí. También hay beneficios para el sueño, la concentración y la autopercepción. Imagina un círculo virtuoso: haces ejercicio, descansas mejor, tienes más energía y eso influye directamente en cómo afrontas los retos del día a día.

Desmitificando el «todo o nada»

A veces, el tema del ejercicio físico viene cargado de exigencias poco realistas. Nos han vendido la idea de que para que funcione tienes que pasarte horas en el gimnasio o practicar deportes de alto rendimiento. Y no es así. La salud mental puede mejorar con pequeños cambios: caminar 15 minutos, hacer estiramientos en casa o subir las escaleras en lugar de usar el ascensor. Lo importante es moverte de una forma que disfrutes.

Si hay algo que quiero enfatizar, es esto: no se trata de castigarte ni de cumplir con un ideal de perfección. El ejercicio debe ser una forma de conectar contigo, de sentirte viva/o y, por qué no, de regalarte un momento para ti. Cómo verás a lo largo de esta entrada, que el ejercicio físico mejora la salud mental y anímica.

Casos reales, emociones reales

Te voy a contar una historia. Una amiga pasaba por un momento complicado: mucho estrés en el trabajo, dificultad para dormir y una sensación constante de estar «agotada» emocionalmente. Un día decidimos salir juntas a caminar por nuestro paraíso natural (vivo en Asturias 😉). Al principio, estaba renuente, me decía: «Esto no va a cambiar nada, sólo estoy perdiendo el tiempo». Pero tras un par de semanas, notó algo distinto. «No sé cómo explicarlo —me dijo—, pero siento que tengo un poco más de aire, como si algo se hubiera desbloqueado». Esa pequeña rutina le ayudó a manejar mejor sus emociones y a dormir más tranquila.

No digo que el ejercicio sea una cura mágica para todo. Si hay un problema de salud mental serio, siempre es importante buscar ayuda profesional. Pero también creo que estos pequeños pasos pueden marcar una diferencia, sobre todo cuando se integran como parte de un enfoque más amplio de cuidado personal.

Lecturas recomendadas

¿Por qué nos cuesta tanto movernos?

A veces parece que el ejercicio es la última prioridad en nuestra lista. Entre el trabajo, los estudios, la familia y las mil y una cosas del día, ¿quién tiene energía para ponerse las zapatillas y salir a caminar? Y si a eso le sumamos la idea de que «si no es intenso, no cuenta», acabamos por abandonar antes de empezar.

Pero ¿qué pasaría si en lugar de verlo como una obligación, lo enfocamos como un acto de autocuidado? Algo tan sencillo como bailar una canción que te gusta o dar un paseo después de comer ya puede ser un buen comienzo.

Rompiendo estigmas

Creo que también es importante hablar de los estigmas en torno a la salud mental y el ejercicio. A veces, cuando alguien sugiere «¿por qué no pruebas a hacer algo de ejercicio?», podemos interpretarlo como una minimización del problema. Como si dijeran: «Tus emociones no son importantes». Pero no se trata de eso. El ejercicio no reemplaza el apoyo emocional ni la terapia, pero puede ser una herramienta complementaria que sume en el camino hacia sentirnos mejor, porque el ejercicio físico mejora la salud mental y el estado de ánimo.

Un enfoque inclusivo y personal

Cuando hablamos de ejercicio, es crucial recordar que cada cuerpo y cada mente son diferentes. Lo que funciona para mí, puede no ser lo mejor para ti, y está bien. Algunas personas encuentran calma nadando, otras prefieren el ritmo de una clase de baile o la concentración que trae el yoga. No hay una receta única.

Además, quiero subrayar que el ejercicio debe ser accesible para todas las personas. No importa tu edad, tu nivel de habilidad o tu condición física. Siempre hay una forma de moverte que respete tus necesidades y tus límites.

Conclusión: mito y realidad

Entonces, ¿es un mito o una realidad que el ejercicio físico mejora la salud mental? La respuesta es que es una realidad, pero con matices. No es la única respuesta ni una solución milagrosa, pero puede ser una parte importante de un enfoque integral para cuidar tu bienestar. Lo importante es empezar de donde estás, sin presión y con mucha empatía hacia ti misma/o.

Si nunca has probado a moverte con la intención de cuidar tu salud mental, te invito a que lo intentes. Elige algo que te haga sentir bien, que disfrutes y que se adapte a tu vida. Porque al final, tu bienestar es lo que cuenta, y el movimiento puede ser un gran aliado en este camino.

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