Felicitación navideña y poemario

Queridos lectores:

Os deseo a todos vosotros unas felices navidades en compañía de vuestra familia y amigos y que el año 2014 sea bueno, mejor que el 2013. También os deseo que los reyes magos os regalen salud, amor y dinero.

Yo soy una poetisa principiante, me gusta mucho escribir y me animé a escribir mi primer poemario que trata sobre mi persona, titulado “Los sonidos de mi ser”. Os envío algunos poemas y relatos breves como regalo de navidad. Espero que os gusten. Admito toda clase de comentarios.

Llegó diciembre

Cuelga una estrella milenaria en el cielo
signo de luz y esperanza
en el portal de Belén nace el niño Jesús
que bendice pueblos, hogares
y a los olvidados.
Diciembre trae un puñado de pájaros
y flautas que cantan la paz…

¡Llegó diciembre!
las casas lucen sus pesebres,
los faroles alumbran sueños,
las cartas se llenan de ilusión,
los regalos visitan los hogares
impregnados de perdón y de amor.
¡También!
se abre un libro que habla de humildad,
compartir el pan y los peces
entre mendigos.

¡Llegó diciembre!
también se desnudan vacíos rotos,
ruidos silenciosos y añoranzas afloran…
la estrella gigante
enciende luz en cada uno
y el pecho de la tierra se llena de cantos, ojos y caricias,
y los desamparados sueñan
con transportar una antorcha en sus manos.

Oda a la vida

Hermoso cáliz
lleno de ilusión.
Negra esperanza,
vino, sangre,
agua sucia,
vida teñida de color oscuro.
Con el tiempo
te vuelves trasparente,
el sol ilumina la tierra,
las flores en el campo,
las palomas recorren nubes,
los peces corren por aguas claras
y las personas aman.

Vida, inmenso mar.
Agitada, rompes las olas,
Dormida acunas la noche
y nos llevas por tus crestas
hasta el hilo
de la última estrella.
¿Dónde está la frontera
del principio de la luz
y el final de las aguas?

Bello jazmín
hermosa viña,
racimo de luces.
Te amo y deseo
oler tus senos,
bañarme en tus aguas,
llenar tu copa
y sonreír por cada latido.

Relato corto: “El valle del silencio”

Un atardecer de Marzo, paseaba a lo largo de un valle en silencio. No oía la música de los pájaros, el ladrido de los perros, el murmullo del viento, el aleteo de las ramas de los árboles, el crujir de las rocas y el baile de las aguas de los ríos. Tenía mis oídos tapados.

El cielo era azul virando a púrpura. Se veía el sol como una oblea amarilla que irradiaba hilos dorados sobre el valle. Las nubes rojizas como manchas de sangre. Caminaba contemplando el extraordinario paisaje. Las montañas ascendían como formaciones rocosas con verde follaje entre ellas. El campo de amapolas lucía como una alfombra. Los árboles con sus redes floridas danzaban al compás de la brisa. Había andando a lo largo de un camino arenoso y atractivo mirando el impresionante horizonte. Veía el baile de las aguas de los ríos, el espectacular salto de las cascadas, el divertido juego de los pájaros y la juerga de los perros. Me sentía fascinada.

Me había sumergido en mi mundo interior, pensaba y sentía un arco iris de emociones, desde la contemplación del paisaje hasta mi sosiego personal, un naipe de variados pensamientos, un conjunto de monólogos, un puzzle de sentimientos que oscilaban desde mi sordera frustrante hasta mi alegría exaltante de contemplar la naturaleza divina. Mi silencio es como un pájaro que vuela, se desplaza sin captar ningún sonido, observa el hermoso panorama, se impresiona, asienta en las copas de los árboles, salta de rama en rama buscando su bienestar, canta sus odas, se apoya sobre mi hombro con cariño y anhela ser amado.

El camino (Mi lucha por la vida)

Mi vida es un camino largo y variable. Cuando camino ando por páramos lisos y montañas con rocas. Los días se presentan fluctuantes unas veces soleados, otros nubosos o lluviosos.

Un día de sol, caminaba por un sendero llano con mis pisadas firmes y seguras, atravesaba un espléndido valle que presentaba campos con flores, lagunas y pequeñas piedras. Cambió el tiempo, el día se tornaba gris y lucían abundantes nubes, el sendero presentaba pequeñas piedras y andaba con pisadas lentas y calculadas. El tiempo empeoró aún más, se volvió tormentoso y atravesé una montaña que contenía grandes rocas, paseaba con las pisadas resbaladizas, tropezaba y me levantaba toda dolorida y cansada. Los problemas de la vida me golpeaban como piedras pero me enfrentaba a ellos e intentaba caminar otra vez. Me caía y me levantaba uno, dos, tres y mil veces. No podía con mi ser, las dificultades del camino eran superiores a mis fuerzas y aún así seguía y luchaba. Nunca me daré por vencida, combatiré hasta mi último aliento.

Estaba muy agotada y de repente se me presenta un paraíso terrenal con árboles, en cuyas ramas se habían apoyado los pájaros y estaban cantando sus odas. Observé una alfombra multicolor, el agua de los ríos bailando y cayendo con espectaculares cascadas. La mano divina ilumina el valle y lo corona con maravillosos elementos naturales y al llegar al final del camino pienso “Dios me sonríe”.

Relato breve: “Mi institutriz”

Llegaste tú, Paquita, hace varios años, cuando yo era una niña. Me encontraste igual que una paloma moribunda, me curaste y me hiciste volar. Yo estaba sorda y muda. Acababa de convalecer de una grave enfermedad infecciosa. Fuiste mi maestra, amiga, hermana y madre. En un solo papel habías desempeñado mil facetas.

Me abriste las puertas del mundo. Día a día me enseñabas los cuadros de nuestro entorno real. Diste luz a mis ojos, sonido a mis oídos, tareas a mis manos, lenguaje a mi boca y vida a mi ser. Me trasladaste del aislamiento a la comunicación social. Al principio nuestra lengua era de signos y luego salieron una y mil palabras de mi boca. Primero leía, más tarde nombraba, pensaba, me emocionaba y sentía. Pinté el mundo con mil colores, empecé con los tonos blancos y negros y después se trasformó en un arco iris. Escribiste un libro en mi cerebro y me convertiste en su lectora.

Una semilla de amor e ilusión sembraba toda tu labor. Fuiste la escultora que moldeó una nueva Paloma, cada día marcabas una forma e iluminabas la figura con nuevos matices. Con tus sueños e ilusiones me convertías poco a poco en la muñeca que tú añorabas. Me acercaste a la realidad y me enseñaste a recorrer los mil caminos necesarios para desenvolverme en la vida. Y ahora, gracias, Paquita porque de tu simiente brotó una hermosa planta que hoy día es médico y escritora y te recordaré con cariño año tras año durante toda mi vida.

Oda a la soledad

Rodeada de silencio
sobran palabras si no te puedo hablar,
y versos si no te puedo escribir
me veo incomunicada.
Sólo oigo el murmullo del viento.

Cubres mi alma
con una lápida de hielo
y la envuelves
con un aire triste.
Mi corazón seco
anhela amar.
Mi mente es un rompecabezas
lleno de piezas pensadoras.

Soledad de la tierra,
es el desierto,
la sepultura deshabitada,
el río árido
y como ella es la soledad humana.
Con ella nacemos,
nos acompaña segundos, minutos,
horas y días
hasta el último aliento.

Soledad, reina de los cementerios
duermes dentro de las tumbas,
rodeada de las tinieblas
y eres la más bella flor plantada
en la maceta de la muerte.

Soledad, hermosa palabra
escrita en los libros,
sin embargo eres río sin agua
que seca las plantas.

Poema a la muerte

Acechas desde la otra orilla del rio,
silenciosa,
y volando sobre el campo
y como un pez invisible que nada,
te presentas de sorpresa
y absorbes vida.
Acaricias mi cuerpo sin manos,
besas mi alma sin labios.

Mi corazón atraviesa un túnel
Oscuro, oscuro, oscuro.
Y como una vela que se apaga
me quedo sin vida.

Reina del mundo.
Muda y ruidosa belleza,
sombra trasparente.
Espero vestida
tu beso frío.
¿Quién sabe si aparece
de nuevo al prenderse
una nueva vela?

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