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El intestino, tu «segundo cerebro»: descubre cómo le afectan tus emociones

El intestino, tu "segundo cerebro"

El intestino, tu «segundo cerebro»: descubre cómo le afectan tus emociones y porqué las emociones influyen en el «cerebro» intestinal.

¿Alguna vez has notado que cuando pasas por una situación que te afecta emocionalmente sientes diferentes sensaciones en tu barriga? ¿Te has encontrado en una situación «difícil de tragar» que te ha provocado fatiga, naúsea, falta de apetito o estreñimiento?

Éstas y muchas otras reacciones en el tracto gastrointestinal se deben a que éste es muy sensible a las emociones, en particular cuando se trata de ira, ansiedad, o tristeza, ya que pueden desencadenar síntomas en el intestino. Veamos por qué y cómo nuestras emociones afectan al intestino.

El intestino, nuestro «segundo cerebro»

El intestino se encuentra ubicado arriba de nuestro ombligo y es considerado el órgano estrella ya que desempeña funciones que son de vital importancia para la salud y juega un rol decisivo en nuestro bienestar emocional. En él habitan los malestares digestivos, a menudo provocados por emociones.

Es considerado el “segundo cerebro” ya que puede funcionar de manera independiente y, a su vez, en conexión directa con el cerebro. Este sistema de comunicación directa entre el intestino y el cerebro explica, por ejemplo, por qué la ansiedad generada por un examen nos quita apetito. El estrés, al igual que la ansiedad o la depresión son otras de las causas de un intestino perturbado.

Tu primer paso: poner atención en cómo te sientes cuando comes

Vamos a hacer una pequeña parada, antes de adentrarnos en las emociones, en la forma en que comemos, ya que como dice Camila Rowlands en su libro «La increible conexión intestino cerebro», «Lo que somos, lo que vivimos, son asunto de las vísceras, y quizás, en ellas habite y se exprese nuetro esquivo subconsciente«.

Si tus comidas no te resultan placenteras o si comes demasiado rapido, quizás haya llegado el momento de replantearse algún cambio. Observa atentamente qué ocurre cuando comes, porque comer es un proceso muy importante y las emociones que sentimos mientras comemos pueden alterar nuestra digestión. Ten en cuenta que los alimentos se absorben mejor si estás relajado.

Así que procura preparar tus platos con amor, ya que la energía que pongas en ellos es lo que vas a consumir. Cuando comas, siéntate y permitete el tiempo necesario para comer. Evita comer con ansiedad y en exceso y disfruta de tu comida, ya sea solo o en compañia.

Recuerda que es importante hacer una dieta sana, practicar deporte y evitar estos malos hábitos que tanto afectan a nuestra salud como el uso de antibióticos sin control, el exceso de alcohol o de alimentos irritantes, etc.

Para que el intestino cumpla con sus tareas, hemos de cuidarlo, empezando por una alimentación que incluya alimentos fermentados, alimentos con probióticos, como yogures y quesos y fibras presente en frutas, verduras y cereales integrales.

Pero una alimentación adecuada y hacer ejercicio no es lo único a tener en cuenta. Es importante que practiquemos actividades que ayuden a equilibrar las emociones para favorecer el correcto funcionamiento de nuestro organismo.

El estrés y los desórdenes intestinales

El estrés puede afectar en gran medida a nuestro intestino, causando inflamaciones o trastornos gastrointestinales. En estos casos, te recomiento la terapia de relajación que te ayudará a manejar las situaciones de estrés que a la vez difucultan las funciones físicas.

Existen muchas técnicas de relajación como el yoga, la meditación y los ejercicios de respiración profunda, así que sólo se trata de que encuentres la que mejor se adapte a ti y a tus exigencias.

Por qué las emociones influyen en el «cerebro» intestinal

Cuando estamos en situación de calma, de relajación y bienestar, el intestino produce serotonina que favorece el metabolismo, ayuda a regular la temperatura corporal, regula el apetito, combate el estrés y participa en el proceso de sueño y descanso, entre otros.

Por el contrario, cuando sentimos angustia o preocupación, esto resuena en el sistema digestivo en forma de cólicos, diarreas, dolores abdominales, etc. Es la manera en que nuestro cuerpo manifiesta algo que no podemos digerir o tragar y hemos de prestarle atención.

Según la medicina tradicional china, los órganos manejan una emoción determinada, es decir, que existe una interrelación entre las emociones y los malestares físicos.

Nos encontramos muchas veces atrapados en el diálogo de la mente, perdiendo esta capacidad de intuición que nos hacía captar las señales de nuestro cuerpo cuando algo no iba bien. Hemos de volver a conectar con estas señales, prestar atención a nuestro cuerpo y para eso te recomiendo la práctica de atención plena o mindfulness.

Posibles efectos de las emociones en nuestro aparato digestivo

Estos son algunos ejemplos de cómo las emociones, los pensamientos y nuestro estado de ánimo producen efectos en nuestra conducta digestiva:

  • Una situación de tensión o un trauma pueden provocar vómitos o diarrea, incluso cortar la digestión por completo.
  • Una sensación de soledad o de baja autoestima puede provocar falta de apetito.
  • Las personas que tienden a reprimir sus emociones suelen tener episodios de diarrea o de colon irritable.
  • Las personas controladoras y perfeccionistas a menudo pueden tener problemas de estreñimiento, sensación de pesadez y, por consiguiente, irritabilidad. El intestino estreñido se puede deber a varias causas aunque desde un punto de vista psicoemocional suele ser la manifestación de una supresión emocional profunda como un miedo terrible o un control insoportable.
No hay medicina que no cure lo que no cura la felicidad

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Las terapias complementarias, una válida ayuda

Llegados a este punto, ya está muy claro que las emociones junto con el estrés juegan un rol muy importante en nuestra calidad de vida puesto que a veces impiden el correcto funcionamento de nuestros órganos digestivos. Cómo ya hemos visto, muchas molestias intestinales pueden originarse por miedo, ansiedad, el control excesivo, etc.

Los medicamentos no siempre representan una solución al problema. ¿Qué podemos hacer entonces? Mi recomendación es recurrir a las terapias naturales o a medicinas complementarias que te ayudarán a restablecer el equilibrio y lograr un mayor bienestar.

En mi experiencia personal he recurrido, cuando lo he necesitado, a un naturópata y no sólo he logrado solucionar aquello que me molestaba sino también he evitado los posibles efectos adversos que los fármacos provocan al ser sustancias químicas.

En definitiva, es importante que te preguntes qué haces para sentirte bien y cómo te sientes cuando comes. Vivir una vida plena debe sentirse también en el interior así que mi consejo es liberarte cuanto más posible de las emociones negativas que pueden crearte un bloqueo y desencadenar un trastorno digestivo.

Por eso, te aconsejo practicar actividades que te ayuden a equilibrarte emocionalmente y a liberar el estrés que acumulamos en nuestra rutina diaria. Tómate algo de tiempo para ayudar a tu cuerpo a equilibrarse practicando actividades como yoga, pilates, meditación o mindfulness y disfrútalas porque esta es la clave.

Ahora ya sabes cómo le afectan tus emociones al intestino, tu segundo cerebro, y porqué las emociones influyen en el «cerebro» intestinal.

Fuentes

  • La increible conexión intestino cerebro: descubre la relación entre las emociones y el equilibrio intestinal de Camila Rowlands, Editorial Sirio 2017.
  • Inteligencia digestiva, una visión holística de tu segundo cerebro de la Dra. Irina Matveikova, editorial La esfera de los libros 2013

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