Ataques epilépticos: causas, tipos, síntomas, diagnóstico y tratamiento

En este artículo veremos qué es la epilepsia, cómo se producen las crisis epilépticas, cuáles son sus causas, síntomas según el tipo de crisis y tratamiento, así como unas medidas saludables a adoptar, que incluyen recomendaciones alimenticias para quienes padecen de ataques epilépticos.

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Qué es la epilepsia

La epilepsia es una enfermedad crónica provocada por una anómala actividad cerebral que causa convulsiones. Algunas veces incluso se pierde el conocimiento y tiene consecuencias cognitivas y psicológicas.

Se considera que una persona padece epilepsia cuando existe una repetición de las crisis epilépticas (2 ó 3 o más crisis) que pueden ser desencadenadas por muchos motivos que describiremos en las causas.

Es una patología muy frecuente y es el 3º trastorno neurológico más frecuente después de los ictus (accidentes cerebrovasculares) y demencias. Según la OMS unas 50.000.000 de personas del mundo padecen epilepsia.

Esta enfermedad es más frecuente en niños menores de 10 años y personas mayores de 65 años.

Cómo se producen las crisis epilépticas

Las crisis epilépticas se producen por una descarga anormal y exagerada de ciertos grupos neuronales del cerebro. Para que las descargas neuronales anormales desencadenen crisis epilépticas se necesitan una serie de procesos como sincronización, amplificación y propagación de las descargas.

No obstante, no todas las actividades cerebrales anormales que se detectan en el EEG son crisis epilépticas, sino que también se pueden producir por otras causas.

Así mismo, tampoco todas las convulsiones y espasmos musculares son debidos a crisis epilépticas, sino que también se pueden producir por lesiones medulares y otras enfermedades.

Causas de las crisis epilépticas

Las crisis epilépticas pueden ser idiopáticas, es decir, que no tienen una causa conocida y donde la influencia genética es mayor. Pero también existen otras causas congénitas o adquiridas, como veremos a continuación.

Congénitas

  • Genéticas por anomalías cromosómicas como el síndrome de Angelman o de Down.
  • Malformaciones vasculares.
  • Síndrome neurocutáneos (neurofibromatosis, Sturge Weber).
  • Trastornos congénitos del metabolismo (aminoacidurias y leucodistrofia).
  • Miopatías congénitas.
  • Epilepsia mioclónica.

Adquiridas

  • Traumatismos.
  • Lesiones postquirúrgicas.
  • Infarto y hemorragia cerebral.
  • Tumores (astrocitomas, meningiomas, oligodendrogliomas)
  • Tóxicos como alcohol y otras drogas.
  • Esclerosis del hipocampo y del lóbulo temporal.
  • Enfermedades degenerativas como demencias y otras.
  • Enfermedades metabólicas adquiridas.

Síntomas de la epilepsia

Los principales síntomas son desconexión con el entorno, mareos, pérdida de conocimiento, convulsiones y rigidez muscular y dificultad para hablar.

Antes de una crisis epiléptica aparecen los siguientes síntomas:

  • Síntomas prodrómicos: se producen sensaciones inespecíficas como cambios de humor, irritabilidad, alteraciones del sueño, del apetito o del comportamiento desde horas o días antes de las crisis convulsivas.
  • Aura epiléptica es la sensación de miedo, angustia, nerviosismo y malestar psíquico que siente el paciente en momentos previos a las crisis epilépticas.

Tipos de ataques epilépticos

Según la manera de desencadenarse los síntomas se conocen varios tipos de ataques epilépticos.

Crisis epiléptica generalizada

Se producen convulsiones musculares de las 4 extremidades (brazos y piernas) y se pierde conocimiento desde el momento de inicio del ataque.

Deben de desencadenarse más de 2 crisis de este tipo al año para considerar que el paciente es epiléptico.

Crisis tónico-clónicas o crisis del gran mal

Son convulsiones epilépticas más intensas que causan pérdida abrupta del conocimiento, rigidez y sacudidas del cuerpo y, en ocasiones, mordedura de la lengua y falta del control de esfínteres.

La fase tónica del gran mal se inicia con una contracción de los músculos en flexión o extensión que dura de 10 a 30 segundos, se interrumpe la respiración. El enfermo emite un grito agudo por espasmo de la laringe y tiene la mandíbula apretada. La fase clónica comienza con sacudidas breves y poco amplias, violentas, espaciadas y sincronizadas de las extremidades.

Las crisis tónicas producen un espasmo muscular prolongado y causan rigidez muscular de los músculos de la espalda, brazos y piernas. Al principio de la crisis el paciente tiene los ojos y la boca abiertos y emite ruidos.

Las crisis clónicas son sacudidas musculares breves que se producen como un choque eléctrico y se asocian con movimientos repetitivos rápidos y espasmódicos que afectan al cuello, la cara y los brazos.

Las crisis mioclónicas aparecen como movimientos espasmódicos breves repentinos o sacudidas de brazos y piernas. Se provocan por estímulos sensitivos o sensoriales como haces de luz intermitente que se provoca con la fatiga, el estrés, la falta de sueño y el alcohol.

Las crisis atónicas causan caídas por la pérdida del tono muscular ya que los músculos pierden su fuerza.

Crisis generalizadas no convulsivas

Las crisis de ausencia o convulsiones del petit mal ocurren en niños y se caracterizan por pérdida brusca del conocimiento debido a una desconexión del paciente con su entorno con episodios de mirada fija en el espacio o movimientos corporales sutiles como parpadeo o chasquido de labios.  El comienzo es rápido, la mayoría de las veces duran 10 segundos y cuando finaliza la crisis el enfermo no recuerda lo sucedido.

Ausencias atípicas que se caracterizan por la pérdida brusca de la consciencia cuyo comienzo es gradual y son más prolongadas y se acompañan de trastornos del aprendizaje.

Crisis epilépticas focales

Son aquellas cuya descarga se realiza en un área limitada de la corteza cerebral y el paciente experimenta una serie de signos y síntomas motores, sensitivos, sensoriales, psíquicos y vegetativos.

El paciente no pierde conocimiento, pero tiene los siguientes síntomas:

  • Sensitivos como hormigueo, quemazón y dolores en una zona determinada del cuerpo.
  • Motores como espasmos musculares localizados en una zona corporal.
  • Dificultad al hablar con alteraciones en el lenguaje diciendo frases sin sentido.
  • Visuales simples como alucinaciones en forma de luces o colores.
  • Alucinaciones visuales, olfativas y auditivas como un olor desagradable, escuchar un pitido, etc.
  • Síntomas y signos vegetativos como cambio del color de la piel, taquicardia o bradicardia y aumento de la presión arterial.
  • Psíquicos en los cuales el paciente experimenta una irrealidad y falta de familiaridad con el medio ambiente que le rodea.

Diagnóstico de la epilepsia

  • Historia clínica detallada del paciente con síntomas y signos epilépticos y recolección de sus antecedentes familiares y personales.
  • Análisis de sangre y orina.
  • Electroencefalograma, visualizando las descargas eléctricas anormales del cerebro.
  • Resonancia magnética y TAC cerebral para identificar lesiones orgánicas del cerebro como tumores, ictus, etc.

Tratamiento de la epilepsia

Las crisis epilépticas se tratan con fármacos antiepilépticos o FAES cuyo objetivo es controlar las crisis sin producir efectos secundarios adversos. Solamente debe suspenderse el tratamiento antiepiléptico si se producen efectos tóxicos secundarios.

El tratamiento se inicia de manera lenta y progresiva para ir aumentando sucesivamente las dosis. Si el tratamiento es eficaz y sin efectos secundarios no debe modificarse, pero si se observa ineficacia o efectos secundarios adversos se retira el tratamiento de manera lenta y nunca de golpe. Si se observan de 2 a 5 años sin crisis se debe retirar lentamente el tratamiento.

Medidas saludables para prevenir los ataques epilépticos

  • Llevar una vida relajada, evitando el estrés y la fatiga que desencadenan ataques epilépticos.
  • Practicar ejercicio físico con moderación.
  • Evitar los destellos luminosos, como las luces parpadeantes de las discotecas, salas de fiesta y algunas industrias. Protegerse de la exposición visual continua a la luz solar.
  • La fiebre desencadena ataques epilépticos.
  • La falta de sueño o insomnio también. Es importante dormir bien.
  • Evitar el consumo frecuente de alcohol y drogas de abuso.
  • Consumo de algunos fármacos como los antidepresivos, litio, clorpromazina, clozapina, haloperidol, antibióticos como ceptazidima o ciprofloxacino, analgésicos como tramadol o meperidina.
  • Usar casco protector cuando se monta en bicicleta, moto e incluso para viajar en coche.

Dieta cetogénica para afectados de epilepsia

La dieta cetogénica es una alimentación alta en grasas y pobre en hidratos de carbono.

La principal fuente de consumo energético de esta dieta son las grasas y no los hidratos de carbono, lo cual imita al estado del ayuno porque se produce acidosis y cuerpos cetónicos. Existe un 30% de epilepsias refractarias al tratamiento con fármacos que con una dieta cetogénica logran remitir sus crisis epilépticas en un 90% de los casos.

Los alimentos permitidos en la dieta cetogénica son:

  • Proteínas de origen animal: carnes frescas y curadas, embutidos, mariscos, pescados que no contengan mercurio y huevos.
  • Grasas saludables: aceite de coco, de aguacate, mantequilla y manteca, aceite de oliva virgen o virgen extra, aguacate, pescado azul.
  • Frutos secos: nueces, almendras, piñones, semillas de girasol y de calabaza.
  • Lácteos: leche entera, nata, toda clase de quesos y yogures.
  • Edulcorantes y stevia.
  • Verduras: brécol, calabaza no dulce, calabacín, berenjenas, tomate, espárragos, alcachofas, coles de Bruselas, apio, repollo, pimientos, cebollas, cebolletas, puerros, champiñones, setas, aceitunas y toda clase de verduras de hoja verde. Pero se deben consumir pocas cantidades de verduras porque son una fuente de hidratos de carbono.

 

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